Una inscripción grabada en plata, siempre en mi muñeca derecha, me hace pensar en Granada…
Es
extraño. Estuve a punto de estudiar una carrera de Ciencias de la Salud
con tal de irme a Málaga, para estar con mi gente, para ir sobre seguro
– o todo lo seguro que puede ser un futuro incierto -. Finalmente la
cordura y la sensatez se impusieron movidas por lo contradictorio, por
la pasión, esa que siempre ha despertado en mí este incomprendido mundo
de la política.
Recuerdo perfectamente el día que crucé la
puerta del que ha sido mi segundo hogar durante todo este tiempo, el
desconsuelo de aquel momento y las ganas de salir corriendo ahora me
hacen reír =) especialmente cuando me sorprendo pensando en ello en mi
pequeña habitación, esa que tantísimo voy a echar de menos por encerrar
entre sus paredes incontables momentos.
Podríamos decir,
por lo tanto, que todo comenzó con una relación amor-odio con la
Facultad, con esta ciudad a la que no quería venir, preguntándome a cada
instante QUÉ hacía yo AQUÍ estudiando ESTO.
Poco a poco
el ‘odio’ empezó a dejar paso al ‘amor’, y ahora que esto se acaba me da
pena, además siento miedo, y cuando echo la vista atrás veo que han
sido 5 de los mejores y más increíbles años de mi vida. Me duele pensar
que no los he sabido aprovechar mejor, darme cuenta demasiado tarde de
que nada es para siempre, tan solo – y en cierto modo – los recuerdos, y
esa capacidad tan nuestra de hacer más grande lo bueno que nos ofrece
la vida.
Me quedo, por tanto, con lo que me ha aportado
esta carrera – no tan sólo los conocimientos acerca de la misma en sí,
sino esa manera más amplia de ver el mundo -, con las noches por Pedro
Antonio, con los desayunos en la Diplomatic, con los cafés en La Cala,
con las horas tirada en el Triunfo, con los conciertos, con las visitas,
con el Paseo de los Tristes, con la Alhambra, con el Mirador de San
Nicolás, con el Sacromonte, con el Albayzín, con Carlos V, con la
Catedral, con Bib-Rambla, con San Juan de Dios, con Lavadero de la
Cruz, con Rector López Argüeta… Me quedo con mil momentos, con mil
lugares, con esas personas que lo han hecho posible, que han formado
parte de esta experiencia que siempre irá conmigo, por ser ya una parte
de mí, de lo que soy, de lo que siento, de lo que creo.
Y
es que hoy me resulta curioso que al principio, antes de venir, pensara
en llorar…y que ahora piense lo mismo pero por considerarme incapaz de
abandonar todo esto, de dejar atrás 5 maravillosos años viviendo en esta
ciudad que me va a doler abandonar, pues ya la siento como mía, ya es
mi pasado, mi presente y ¿por qué no? ojalá, parte de mi futuro.
Sería capaz de cambiar el calendario lunar para verte aquí en Granada un día más…
Y el Paseo de los Tristes alegrar, si te pones a bailar, las estrellas nos alhambran al pasar…
Tierra mora hasta la eternidad, olivares el jardín de Alá, son murallas a tu alrededor, y en la Alhambra se oye una oración.
Tan lejos de ti que tengo que echarte de menos…
Granada, tu brisa mezclada en aromas de campo provoca mi sonrisa y recuerdos de un tiempo añorado.
Aún me pierdo en la imaginación, pero muero por volver allí y sentarme para contemplar un ocaso desde el Albayzín.
Tan lejos de ti y no se me olvida tu encanto…
Granada, tu brisa me sabe a jazmín y a romero, que son como caricias, el tacto de un dulce recuerdo.
Granada, tu brisa de barrio, sol y montaña dejó abierta una herida de buenos momentos que empañan mis ojos al darme cuenta que sigo pensando en Granada…
Se fue a Granada por silencio y tiempo, y Granada le sobredió armonía y eternidad.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada.
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