Estaba cursando 1º de EP, por lo tanto contaba con 7 años de edad, cuando la maestra -doña Concha- nos mandó escribir una redacción. Mi redacción trataba de ETA, a ese entonces se remonta mi primer recuerdo sobre la banda armada.
Ese fue tan solo el principio, luego se sucedieron más, demasiados más.
Recuerdo algunos más nítidamente que otros: Gregorio Ordóñez en el 95, Tomás y Valiente y Múgica en el 96, el secuestro de Ortega Lara en el 96/97, Miguel Ángel Blanco en el verano del 97 y cómo todos en casa llorábamos cuando fue encontrado, mientras que toda España alzaba sus manos blancas al cielo pidiendo la paz, Lluch, Fernando Buesa y Martín Carpena en el 2000 -y cómo se hizo necesario mirar bajo el coche antes de viajar- además de Luis Portero -cuyo recuerdo me asalta cada vez que paso por la Placeta que lleva su nombre en Granada-, Pagazaurtundua en 2003, Trapero en 2007 e Isaías Carrasco en 2008. El único pecado y mal que cometieron a lo largo de su vida fue luchar incansablemente por el fin de la violencia, defendiendo sus creencias frente a las balas de unos desalmados.
Es tan solo una pequeñísima representación de las 829 víctimas mortales de ETA, pues hay más, muchas más.
Puente de la Constitución de 2004, Alicante. Estábamos dando un paseo por el puerto, y me quedé rezagada con mi padre aquejada de una tendinitis, cuando de repente oímos una explosión. Me mantuve muy quieta mientras escuchaba decir a mi padre que era una bomba, y rápidamente fuimos a reunirnos con el resto. De repente la gente empezó a correr y una patrulla de la policía pedía que desalojáramos el paseo marítimo. No hubo daños personales, pero fueron unos minutos de caos, tensión y miedo que no olvidaré fácilmente.
Recuerdo también el 22 de marzo de 2006. Tenía 18 años, cursaba 2º de bachillerato y estábamos en el aula visionando un documental sobre Historia de España cuando a la profesora -Pepa- le llegó un sms con la noticia del alto el fuego permanente; me acuerdo también del júbilo del momento, de sus lágrimas y de cómo arrancamos a aplaudir.
Por desgracia, también me acuerdo del 30 de diciembre de ese mismo año. Estaba en Serrato cuando me enteré del atentado en la T4 y la muerte de dos obreros. Esta vez a la sensación de tristeza y rabia se unió una tremenda impotencia, y también una profunda decepción. Fue entonces cuando ETA firmó su sentencia, cuando dio comienzo el principio del fin.
Afortunadamente, en los últimos años hemos venido asistiendo al desgaste de ETA gracias a la acción eficaz de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hasta llegar a su derrota, ayer, 20 de octubre de 2011, día que espero que pase a la Historia como aquel en el que definitivamente se cerró uno de los capítulos más negros de España y el comienzo de una nueva era de paz, concordia y esperanza.
Dejemos atrás estos más de 40 años que no solo quedarán en la Historia de España, sino en la historia personal de cada uno de nosotros, impregnando nuestra memoria y nuestros recuerdos, y empecemos a escribir la nueva etapa. Pensemos -ahora más que nunca- en todos aquellos que sufrieron la barbarie directamente, y en todas las familias que lloraron su pérdida.
En estos momentos, llena de alegría y emoción, tras pasarme horas enganchada a la televisión y a Twitter siguiendo paso a paso una de las noticias más relevantes de toda nuestra etapa democrática, solo me queda estar agradecida a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que lo han hecho posible, y de las que no hace falta decir que estoy orgullosísima, y además, ¿por qué no? También es un orgullo que esto haya sucedido con Patxi López en el Gobierno Vasco, con Zapatero en el Gobierno de España y con Rubalcaba -y ahora Camacho- al frente del Ministerio del Interior.
Una vez más, lo que ayer parecía imposible es hoy una realidad :)
Agur, ETA. Hoy se alza con más fuerza que nunca el triunfo de la democracia y el Estado de Derecho.
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